¡Que no me líes! (Los últimos de Filipinas)

SupervivienteJorgeCuriosoLos fansssss, como nosotros, de la serie El Ministerio del Tiempo (sí, sabemos que tiene “pequeñas cosillas que no terminan de cuadrar”, pero, en general, mola) habrán visto los capítulos de “Tiempo de valientes (I) y (II)”, en los cuáles se habla de un hecho poco conocido en la historia de España: Los últimos de Filipinas.

Pero, ¿sabes realmente qué pasó con los últimos de Filipinas? ¿Quiénes fueron? ¿Qué hicieron? ¿Por qué se les llamó así?

Resumiéndolo mucho: “Hay que valer como español para lo que pasó en Baler”

Baler
Corría el año 1898 cuando una explosión en el barco estadounidense Maine, anclado cerca de la Habana, proporcionó la excusa perfecta al tío Sam para declarar la guerra a España (sí, los tiempos no han cambiado mucho: España estaba en crisis económica, era débil y apenas podía mantener el control sobre sus colonias). Y, ¿por qué querrían los yankees declarar la guerra a España? Pues no era por la receta de la tortilla, eso aún era un secreto de Estado, fue por lo de siempre: poder y expansión. Querían varias colonias españolas: Cuba, Filipinas, Costa Rica y Guam. Bueno eso y que necesitaban nuevos sitios para veranear claro.

Centrémonos en Baler, un pueblecito cerca de la costa en Filipinas. Aquí un grupo de aguerridos soldados españoles (57 soldados, varios caballos, siete lagartijas y un par de cuervos) se vieron de repente rodeados por rebeldes filipinos y tuvieron que atrincherarse en la iglesia del pueblo (sí, el único edificio que no era de madera). Les gustó tanto el “sitio” que allí se quedaron 337 días O_o.

Pero lo curioso, lo relevante de este acto, lo que marcó este hecho, no fue la rebelión, ni el sitio que sufrieron los soldados, no; fue un hecho que denota que los hombres allí atrapados solo podían ser españoles: su “por mis ejems”, también llamada obstinación que va más allá de toda razón y… ¡Que no me líes!

  • Los filipinos se inventaron que España había firmado la paz, perdiendo el control de todas las colonias y que los soldados se estaban retirando ¿Perdona? ¿Un imperio como el español derrotado de forma aplastante y en pocos meses? ¡Amos anda! ¡Eso no se lo traga nadie! Obviamente, era un engaño y los españoles no picaron el anzuelo.
  •  Los filipinos comenzaron una batalla propagandística para minar la moral española, enviando emisarios y periódicos para hacer creer a los españoles que la guerra había terminado ¿otra vez con argucias y embustes? Habían conseguido hacer unas hábiles falsificaciones del periódico El Imperial que se editaba en la península, otro engaño, ¡que no me líes!
  • Los filipinos, ¡qué pesados! ¿no había más nacionalidades en el conflicto? Mandaron a dos frailes a convencer a los españoles de que depusieran las armas, que la guerra ya había terminado ¿Es que no han aprendido nada? ¡Que no cuela! Eso si, algo de españoles tenían esos frailes, que allí se atrincheraron y se quedaron hasta el final.
  • Viene la ayuda. Una noche, el potente foco de un barco iluminó la iglesia desde el mar. Solo podemos imaginar el cambio de estado de ánimo en los soldados: primero, comenzaron a emocionarse, a dar saltos de alegría, después, contuvieron el aliento mientras las tropas del navío desembarcaban y, por último, se les desencajó la mandíbula al ver como los filipinos aniquilaban a todos los refuerzos según estaban pisando tierra. El barco se fue por donde había venido. ¿Eso una operación de rescate? ¿Esos eran, como nosotros, valerosos soldados españoles? ¡Amos anda! ¡Eso no se lo traga nadie! En realidad el barco era americano El Yorktown el cuál iba a rescatar a los españoles (en estos momentos, la isla estaba en control americano y los filipinos seguían luchando por su independencia)
  • El 29 de mayo de 1899 se presentó un hombre en la puerta de la iglesia con una bandera española, que se identificó como teniente coronel Aguilar, militar muy español, quien intentó, por enésima vez, convencer a los soldados del fin de la guerra. Esta vez hubo discrepancia de opiniones, pero al final, imperó la lógica y dedujeron que Aguilar se había cambiado de bando. ¡Malditos desertores! ¡Que no me líes leches! ¡Resistiremos hasta la muerte!
  • Ante la creciente escasez de alimentos (ya no quedaba prácticamente nada) los aguerridos soldados españoles idearon un plan loco: Salir a fuego y machete por la puerta por sorpresa, romper el sitio y dirigirse a Manila… si es que alguno conseguía llegar hasta allí. Sólo hay una palabra para definir aquel plan: Suicida; pero se estaban quedando sin opciones, así que era lo mejor que tenían. Mientras se preparaban para el asalto final, Saturnino Martín Cerezo, el que había heredado el liderazgo del grupo tras la muerte de sus superiores, ojeó uno de los periódicos dejados por Aguilar unos días antes y se encontró una noticia infalsificable, tan infalsificable que una duda rondó su cabeza…

¿Y si todo lo que nos han dicho los filipinos es verdad?

El día 2 de julio de 1899, tras 337 días de sitio, el destacamento español firmaba su rendición ante las fuerzas filipinas. Por suerte para ellos, la rendición implicó el desarme de las tropas y su repatriación sin sufrir daños, convirtiéndose en los últimos soldados españoles en retirarse de la antigua colonia: “Los locos de Baler; por mis narices; que no me líes o, resumiéndolo mucho y con giro heroico, Los últimos de Filipinas”.

Si, sabemos que ahora estarás pensando: ¿¡En serio!? ¿Que no me líes? vaya frase de mierda. ¡¡Buah!! no tienes ni idea, ¿a que ahora no te digo qué clase de noticia infalsificable podría convencer a los españoles después de tantos meses? ¡Ja!

Venga vaaaaaaaale. La noticia, fue el traslado de un conocido de Martín Cerezo a su nuevo destino en Málaga ¿¡Perdona!? Sí, se trataba de un antiguo compañero y amigo íntimo del capitán, el cuál le había dicho que, al terminar la guerra, pediría el traslado a donde vivían su novia y su familia.

Para terminar, comentaros que sobrevivieron gracias a que tuvieron tiempo de guarnecerse en la iglesia, con todos los alimentos que pudieron encontrar. También cabe decir que las enfermedades, la tensión y el hambre no hicieron de este “año sabático” algo agradable. Para veáis que dejaron el pabellón bien alto aquí tenéis algunas cifras:

  • 57 soldados comenzaron el sitio.
  • 15 murieron debido a enfermedades (berebere y disentería, derivado de la mala y escasa alimentación)
  • 2 murieron en combate.
  • 6 desertaron.
  • 2 fueron fusilados por sus compañeros por intento de deserción.

Sí, haced las cuentas: 32 de los soldados españoles volvieron a casa, mientras que se dice que fueron cientos las bajas ocasionadas a los sitiadores.

Así que ya sabéis, solo hay una frase que puede competir con la famosa ¿A que no hay huevos? Y es: ¡Que no me líes!

Fuentes / ¿Quieres saber más?

 

 

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